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Actualidad | Abril 2003
 

  Sexo y radiactividad

El origen del sexo como estrategia reproductiva puede haberse dado hace alrededor de 1500 millones de años, cuando un grupo de organismos unicelulares, conocidos hoy como protistas (amebas, paramecios, etc.) habría fagocitado otro organismo sin digerir su presa totalmente. De esta manera se dio lugar a que los núcleos de predador y presa se fusionaran, creando un nuevo núcleo (podríamos llamarlo doble) que fue transmitido a la siguiente generación. Este fenómeno pudo ser el estadío ancestral del proceso de fertilización.

Pero si bien el sexo participa de la reproducción, no es indispensable y se pueden observar en la naturaleza medios más eficientes para que se multipliquen los seres vivos, sin necesidad de los complicados procedimientos de apareamiento y fertilización. Pensemos simplemente en las bacterias, que se multiplican por división simple. El aporte más importante de la sexualidad como estrategia reproductiva es el de generar diversidad genética. En la reproducción asexual, la única fuente de variabilidad son las mutaciones (cambios aleatorios y hereditarios del material genético), sin embargo, en la reproducción sexual se suma la recombinación de los materiales hereditarios de los progenitores. Esta mezcla de genes parentales genera combinaciones genéticas que cada uno de ellos no hubiera podido producir independientemente y que en muchas ocasiones permiten que la descendencia sobreviva frente a condiciones adversas, se adapten a diferentes ambientes y sean capaces de explorar nuevos nichos ecológicos.

En el caso de ciertos gusanos el comportamiento reproductivo puede alternar entre las formas sexuales o asexuales y dentro de una población podemos observar una cierta proporción de individuos que lo hacen de una u otra forma.

Gennady Polikarpov y Victoria Tsytsugina, del Instituto de Biología de Sevastopol, estudiaron la reproducción de algunas especies de gusanos en dos lagos ucranianos situados a 20 kms. de distancia entre sí. Estos lagos poseen similares características fisicoquímicas excepto que uno de ellos recibió 20 veces más radiación durante el accidente nuclear de Chernobyl de 1986. Los investigadores observaron que la proporción de gusanos de la especie Nais pardalis que utilizaron un comportamiento sexual para reproducirse pasó del 5% en el lago menos contaminado al 22 % en el más contaminado, mientras que en el caso de Nais pseudobtusa el cambio fue de 10 a 23 %, respectivamente. La interpretación de esta observación sugiere que este cambio en la estrategia reproductiva es un intento de protección frente a los daños generados por la radiación y aumenta las probabilidades de supervivencia de la especie. Las combinaciones genéticas nuevas, generadas por reproducción sexual, podrían recuperar características del genoma original (dañado por las radiaciones) o generar cambios que permitan que la descendencia sobreviva y se adapte a los diferentes ambientes generados luego del accidente.


Mayor información en:
Journal of Environmental Radioactivity (vol 66, p 141)
www.chernobyl.co.uk/


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