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Sexo y radiactividad
El origen del sexo como estrategia reproductiva puede haberse dado hace
alrededor de 1500 millones de años, cuando un grupo de organismos
unicelulares, conocidos hoy como protistas (amebas, paramecios, etc.)
habría fagocitado otro organismo sin digerir su presa totalmente.
De esta manera se dio lugar a que los núcleos de predador y presa
se fusionaran, creando un nuevo núcleo (podríamos llamarlo
doble) que fue transmitido a la siguiente generación. Este fenómeno
pudo ser el estadío ancestral del proceso de fertilización.
Pero si bien el sexo participa de la reproducción, no es indispensable
y se pueden observar en la naturaleza medios más eficientes para
que se multipliquen los seres vivos, sin necesidad de los complicados
procedimientos de apareamiento y fertilización. Pensemos simplemente
en las bacterias, que se multiplican por división simple. El
aporte más importante de la sexualidad como estrategia reproductiva
es el de generar diversidad genética. En la reproducción
asexual, la única fuente de variabilidad son las mutaciones (cambios
aleatorios y hereditarios del material genético), sin embargo,
en la reproducción sexual se suma la recombinación de
los materiales hereditarios de los progenitores. Esta mezcla de genes
parentales genera combinaciones genéticas que cada uno de ellos
no hubiera podido producir independientemente y que en muchas ocasiones
permiten que la descendencia sobreviva frente a condiciones adversas,
se adapten a diferentes ambientes y sean capaces de explorar nuevos
nichos ecológicos.
En el caso de ciertos gusanos el comportamiento reproductivo puede
alternar entre las formas sexuales o asexuales y dentro de una población
podemos observar una cierta proporción de individuos que lo hacen
de una u otra forma.
Gennady Polikarpov y Victoria Tsytsugina, del Instituto de Biología
de Sevastopol, estudiaron la reproducción de algunas especies
de gusanos en dos lagos ucranianos situados a 20 kms. de distancia entre
sí. Estos lagos poseen similares características fisicoquímicas
excepto que uno de ellos recibió 20 veces más radiación
durante el accidente nuclear de Chernobyl de 1986. Los investigadores
observaron que la proporción de gusanos de la especie Nais pardalis
que utilizaron un comportamiento sexual para reproducirse pasó
del 5% en el lago menos contaminado al 22 % en el más contaminado,
mientras que en el caso de Nais pseudobtusa el cambio fue de 10 a 23
%, respectivamente. La interpretación de esta observación
sugiere que este cambio en la estrategia reproductiva es un intento
de protección frente a los daños generados por la radiación
y aumenta las probabilidades de supervivencia de la especie. Las combinaciones
genéticas nuevas, generadas por reproducción sexual, podrían
recuperar características del genoma original (dañado
por las radiaciones) o generar cambios que permitan que la descendencia
sobreviva y se adapte a los diferentes ambientes generados luego del
accidente.
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