|
Clonación: Desde los renacuajos hasta Dolly
En 1996, a partir del nacimiento de Dolly, “la clonación”
tomó un lugar de gran importancia en el discurso social y científico
internacional, debido esencialmente a que se despertaron grandes expectativas
acerca de las posibilidades de generar clones humanos. Sin embargo, el
interés científico detrás del desarrollo de técnicas
de clonación no es para nada reciente y los primeros experimentos
realizados en esta área datan de finales del siglo XIX. En aquel
momento, el interés no estaba centrado en la obtención de
réplicas de individuos preexistentes, sino que se intentaba responder
si el material genético permanece intacto y pluripotencial a lo
largo del desarrollo celular.
Los
primeros aportes para responder esta cuestión fueron realizados
por Hans Dreisch en 1892, quien separó una de las cuatro células
de un embrión de erizo de mar y observó que tanto ésta,
como las tres restantes eran capaces de arribar a individuos adultos
que desde un punto de vista genético serían idénticos.
Entonces propuso, acertadamente, que la información contenida
en cualquiera de las células de ese estadío del embrión
era capaz de dirigir el programa de desarrollo. Este experimento muestra
algo similar a lo que ocurre en la formación de gemelos y constituye
un ejemplo de una de las técnicas más sencillas por las
cuales se puede clonar un individuo, la gemelación artificial.
En este caso vemos que los “clones” son idénticos
entre sí, pero distintos de sus progenitores.
Años después (en 1914), Hans Spemann realizó un
ingenioso experimento que aportó una pieza clave para entender
el rol de la información contenida en el núcleo y que
constituye
el primer antecedente de las técnicas de transferencia nuclear
empleadas actualmente. Spemann realizó una constricción
con un pelo sobre un huevo fertilizado de anfibio y separó una
porción del citoplasma. La fracción que contenía
el núcleo continuó su desarrollo, dividiéndose
repetidamente, cosa que no ocurrió con la porción de citoplasma
escindida. Luego de 16 divisiones, el núcleo de una de las células
del embrión fue transferido a la porción de citoplasma
escindida en un comienzo. Esta nueva célula, generada por el
citoplasma de un huevo fecundado y el núcleo de una célula
en proceso de desarrollo se dividió normalmente, generando un
nuevo embrión. Mediante este experimento se pudo comprobar que
el núcleo conservaba su potencial de desarrollo, al menos durante
16 divisiones.
En
mamíferos, los antecedentes de experimentos exitosos de clonación
datan de 1942, cuando se obtuvieron mediante gemelación artificial
clones de ratas y más adelante de conejos (1968) pero hasta 1991
no se había obtenido un solo individuo adulto sano y fértil
a partir de transferencias nucleares.
La pieza clave que permitió el desarrollo de la técnica
de clonación en mamíferos la aportaron Ian Wilmut y Karl
Campbell, del Instituto Roslin de Inglaterra. Estos investigadores observaron
que los núcleos utilizados como donantes en los experimentos
de transferencia nuclear no poseían exactamente
un juego de la información genética de la célula,
sino una cantidad variable de ADN en muchos casos marcadamente superior.
Es que las células durante el estadío previo a la división
celular comienzan a duplicar su material genético (fase S), que
luego se repartirá entre las dos células hijas y en esta
etapa hay en el núcleo una cantidad de ADN que puede ser hasta
el doble de la cantidad que hay en una célula que no esté
dividiéndose (como lo es un ovocito fecundado). Entonces pensaron
que se podrían optimizar las chances de éxito en los experimentos
de transferencia nuclear cultivando las células embrionarias
utilizadas como donantes y llevándolas a un estado del ciclo
celular caracterizado por la ausencia de crecimiento (G0), fisiológicamente
similar al de los huevos no fertilizados utilizados como receptores
y donde el núcleo posee exactamente un juego de cromosomas. Introduciendo
esta modificación en los protocolos, realizaron 244 transferencias
nucleares, de las que 34 llegaron a embriones en un estadío en
el cual pudieron ser implantados. Como resultado de esto en 1995 nacieron
5 carneros, de los cuales solo 2 sobrevivieron, Megan
y Morag, los primeros mamíferos clonados a partir de células
en cultivo (1).
El paso siguiente era utilizar como donante células de origen
no embrionario, ya que de esta manera se podrían obtener animales
genéticamente idénticos a un adulto preexistente, a diferencia
de lo que ocurre con la gemelación artificial, donde los clones
son idénticos entre si pero distintos a cualquiera de sus progenitores.
Entonces, cultivaron células epiteliales tomadas a partir de
la ubre de un individuo adulto y las llevaron a un estadío G0,
para luego extraerles el núcleo que sería utilizado en
la transferencia. Con esta estrategia, y como único resultado
positivo de 277 ensayos nació Dolly,
el primer mamífero clonado a partir de una célula
de un individuo adulto (2).
Si bien el desarrollo de Dolly fue normal durante los primeros años,
luego se manifestó una artritis severa a una edad precoz para
su especie, y se observó, al igual que en los demás animales
clonados por esta técnica, una disminución en la longitud
de los telómeros. Este punto es de gran interés, ya que
la longitud de los extremos de los cromosomas (los telómeros)
podría funcionar como un reloj genético, lo que ha llevado
a especular acerca de cual sería la edad real de Dolly.
Finalmente, Dolly murió a los 6 años de edad (la vida
media de una oveja es de alrededor de 12 años) debido a una afección
pulmonar, sin que se haya podido establecer hasta el momento si esta
enfermedad está relacionada a su origen clonal.
La creación de clones a partir de un animal con características
genétic
as especialmente ventajosas permitirá optimizar
la cría de ganado en relación a un fenotipo específico.
Por otra parte, mediante esta técnica se han podido generar clones
transgénicos, capaces de producir sustancias de interés
farmacológico, revolucionando la industria farmacéutica.
Sin embargo, una de las mayores expectativas generadas está situada
alrededor de la posibilidad de generar clones humanos, lo que sin duda
merecerá un profundo debate ético.
Enlaces relacionados:
-
K. H. S. Campbell, J. McWhir, W. A. Ritchie, I. Wilmut, Nature
380, 64 (1996).
-
I. Wilmut, A. E. Schnieke, J. McWhir, A. J. Kind, K. H. S. Campbell,
Nature 385, 810 (1997).
- A. McLaren, Science 288, 5472, 1775 (2000).
- http://www.newscientist.com/hottopics/cloning/
- http://www.roslin.ac.uk/
|
¿Quiere escribir algún comentario sobre este artículo? Haga click
aquí.
|
|