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La música de los planetas

Kepler, astrónomo alemán del siglo XVII, logró resumir
en tres leyes simples el cúmulo de datos sobre la posición
de los planetas que eran conocidos en su época. Sus leyes significaron
una ruptura con la tradición astronómica al describir las
órbitas planetarias como elipses y no como círculos y reconocer
que la velocidad de los planetas varía al cambiar la posición
en su órbita. Kepler anunció sus dos primeras leyes en 1609.
Le llevó nueve años más publicar su tercera ley en
lo que consideró su libro más importante, "Las armonías
del mundo".
Kepler pensaba, en la tradición de los filósofos pitagóricos,
que sus leyes debían expresar la armonía musical del cosmos.
Él no expresó su tercera ley, como lo hacemos actualmente,
como una relación entre la distancia media de un planeta al sol
y el tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor de éste. En cambio,
como ilustramos en la figura, Kepler representó la velocidad angular
de cada planeta en un pentagrama musical, la nota más baja correspondía
al caso más alejado del sol y la más alta al más
cercano. La relación entre los pares de velocidades angulares es
muy cercana a la que define estos intervalos musicales y sus notas pueden
acomodarse en cuatro armoniosos acordes. Kepler escribió:
El movimiento celeste no es otra cosa que una continua canción
para varias voces, para ser percibida por el intelecto, no por el oído;
una música que, a través de sus discordantes tensiones, a través
de sus síncopas y cadencias, progresa hacia cierta predesignada
cadencia para seis voces, y mientras tanto deja sus marcas en el inmensurable
flujo del tiempo.
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