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Ciencia y Sociedad | Abril 2003
 

  Ciencia y Tecnología en los países del sur

Tomás Buch
Contenidos seleccionados de Ciencia Hoy, Volumen 12, Nº 70, 2002.


Los diagnósticos sobre la situación del aparato productivo argentino son muy poco halagüeños para nuestro futuro. Presentan la imagen de un país empobrecido, con un nivel de industrialización inferior al que tenía hace treinta años y con graves problemas derivados de una importante deuda externa. Señalan además la existencia de una profunda depresión del mercado interno e indican que el aumento de las exportaciones se ha hecho en gran parte en rubros formados por productos que en su mayoría son commodities de relativamente bajo valor agregado. Entre ellos se cuentan gas natural, petróleo, granos oleaginosos y algunos productos agroindustriales de elaboración relativamente simple, como aceites y productos de la industria láctea. Los precios internacionales de tales commodities sufren frecuentes oscilaciones, lo que dificulta las predicciones de crecimiento. A la fuerte disminución de la capacidad industrial debe agregársele las consecuencias de la relación estrecha y no exenta de dificultades con la economía brasileña. La combinación de los factores mencionados redunda en una grave situación social cuyos aspectos salientes son el muy alto nivel de desempleo y el alarmante deterioro en la provisión de los servicios sociales básicos por parte del Estado.

La historia de la investigación científica en nuestro país es la de las luchas, que ya llevan un siglo, por imponer la vigencia de criterios científicos modernos en la universidad. Ciertos grupos de investigadores locales alcanzaron niveles de excelencia reconocidos internacionalmente como lo demuestran los premios Nobel otorgados, en 1947, a Bernardo A. Houssay (Medicina), y en 1970 a Luis F. Leloir (Química).

Un indicador de la capacidad de un país de explotar las potencialidades económicas del conocimiento es el valor por unidad de peso de sus exportaciones. Según el análisis que difundió un programa de acción política, las exportaciones argentinas valen algo menos de 0,40 dólares por kilogramo, mientras que las de los países del grupo de los siete oscilan en torno a los 6,50 dólares por kilogramo (alrededor de 16 veces más).

Los valores agregados por kilo de producto:

Producto
Dólares por kilo
Cereal o petróleo
0,10 - 0,20
Productos siderúrgicos
0,30 - 0,60
Pasta celulósica
0,40
Carne y pescados
1
Lana o aluminio
1
Automóvil
10
Ravioles congelados
10
Hardware
100
Motor de aviación
1.000
Avión de combate
5.000
Satélite artificial
40.000

En su mayoría, los científicos argentinos se han sentido integrantes de la ciencia mundial y han considerado que la producción de resultados científicos de validez universal era una necesaria contribución del país al progreso de la ciencia como valor universal, lo que constituía una suficiente justificación del gasto social involucrado. Sin embargo, en determinados momentos de nuestra historia, buena parte de nuestros científicos también ha manifestado una inclinación por ponerse más directamente al servicio del país de cuyos recursos se nutrían, a través de una mayor interacción con el sector productivo. Desde los años 1960 se viene produciendo sobre esto un debate que de alguna manera aún no ha terminado. Lo que nadie discute son los criterios de excelencia académica y la visión de que la presencia de numerosos investigadores en cada ámbito académico -tanto los básicos como los aplicados- es condición necesaria, aunque no suficiente, para que la educación superior tenga un nivel que garantice la calidad de sus egresados.

Por lo pronto, no siempre se reconoció que la incorporación de tecnología por la industria de un país como el nuestro recorre caminos muy diferentes a los que han trazado sus precursores durante el desarrollo original de los países centrales. Algunos de estos modelos importados por añadidura están basados en hipótesis poco justificables. La más elemental de ellas es la que postula una línea causal directa que fluye desde la investigación básica hasta la producción en una secuencia lineal de cuatro pasos:

Ciencia
Básica
Ciencia
Aplicada
Desarrollo de
Tecnología

Producción Industrial


En parte, esta idea descansa sobre el error semántico de limitar el significado del término tecnología casi exclusivamente al conocimiento práctico derivado de la aplicación más o menos directa del conocimiento científico. De acuerdo con esta interpretación del término, ni los constructores de los acueductos romanos ni los inventores prehistóricos de la metalurgia podrían ser llamados tecnólogos.

Otro error resultante de una visión simplista sobre la génesis de los productos tecnológicos o los métodos para su producción es creer que éstos se generan como respuestas a demandas sociales o a necesidades de los consumidores. En cierta medida, este modo de ver las cosas es opuesto al mencionado en el párrafo anterior. En éstos el desarrollo es empujado desde la oferta que nace de su factibilidad científica, mientras que en el analizado aquí este es arrastrado por la demanda social.

La demanda social queda aquí como causa primera, pero su naturaleza y su origen deben ser explicitados mediante estudios basados en las ciencias sociales. En muchos casos notorios, la demanda proviene del Estado, frecuentemente por necesidades militares o políticas. Los elevados costos del desarrollo tecnológico, en esos casos, son financiados por los presupuestos del gobierno. En la generación de la demanda privada, en cambio, es menos importante la satisfacción de necesidades reales que la creación de necesidades desconocidas en la cual participa la publicidad y el mercadeo, la búsqueda o la generación de mercados.

Este modelo basado en la demanda también posee ejemplos emblemáticos en la historia de la tecnología de las últimas décadas. Uno fue el proyecto Manhattan, para el desarrollo de la bomba atómica en los años 40, que se ejecutó sobre la base de una necesidad estratégica planteada por la guerra contra el nazismo. Otro ejemplo es el desarrollo de los microcircuitos electrónicos integrados, que son el corazón tecnológico de toda la industria electrónica, informática y de comunicaciones que hoy domina el panorama tecnológico mundial como la más dinámica de todas. Esta innovación tecnológica nació a la vida económicamente sustentable a través del multimillonario proyecto Apolo de poner a un estadounidense en la Luna en la década de 1960. Ambos casos ilustran la tesis de Jorge Sábato (tecnólogo argentino) de que una de las fuerzas impulsoras más eficaces del desarrollo tecnológico es el enorme poder de compra del Estado, indudablemente un fuerte generador de demanda. En los casos mencionados, el término demanda tiene un significado muy diferente al que le da la economía liberal. En ambos casos fue el estado quien cubrió los costos iniciales del desarrollo, que luego, una vez amortizados en gran parte, pudieron volcarse hacia las aplicaciones originales en empresas privadas.

Esto ilustra la importancia de la capacidad de compra del Estado para superar la barrera económica inicial y asegurar la rentabilidad comercial de las investigaciones privadas en investigación y desarrollo. Esta capacidad de compra esta sustentada por leyes y es constantemente empleada por los países más desarrollados para proteger a sectores estratégicos de su capacidad tecnológica. Nótese la contradicción entre las actitudes y los siempre proclamados principios liberales que obligan a los países más débiles económicamente a abrir sus mercados a una competencia que es insostenible en las etapas de despegue de las industrias de alto valor agregado.

Demanda
Social
Resolución
del problema
Solución
Tecnología

Producto

 


Ciencia

   

¿Cuál es, entonces, el camino hacia la innovación tecnológica que se puede seguir en un país como el nuestro? A pesar de todos los factores adversos, inclusive la gran dificultad de ingreso a los mercados internacionales de productos argentinos de alta tecnología, aún es posible detectar nichos de mercado en los cuales la producción argentina de alto valor agregado pueda tener alguna ventaja competitiva.

La tecnología nuclear es una de ellas, especialmente en vista al insinuado resurgimiento del interés por la generación nucleoeléctrica en muchas partes del mundo junto con la destacada posición internacional ya adquirida.

Con la construcción de varios satélites de complejidad mediana -en particular el altamente exitoso SAC-C que ha cumplido un año en el espacio-, la Argentina ha demostrado una presencia en un mercado de productos de alta tecnología que también está destinado a crecer en los próximos años. La Argentina ya ha comenzado a mostrar su presencia en el mercado internacional de satélites medianos y de componentes críticos desarrollados localmente.

Un área de éxito posible es la que reside en varios aspectos de la biotecnología. Ya existen empresas privadas que están firmemente implantadas en el mercado internacional de productos biotecnológicos y de uso médico. Sería de esperar que el desarrollo de especies transgénicas también sea un campo promisorio, en un país cuya agricultura ya se ha volcado en ese sentido. El desarrollo de equipos de procesos avanzados, como sensores, fermentadores o sistemas avanzados de control para estas finalidades también puede ser un campo fértil para los ingenieros químicos.

Por supuesto, las tareas de desarrollo en los diferentes campos de la informática son un vasto campo de desarrollo abierto. Es poco probable que en un futuro previsible logremos crear dispositivos novedosos o competitivos en las áreas más dinámicas de la microelectrónica o la optoelectrónica. Sin embargo, la existencia de grupos de desarrollo en tales áreas es seguramente necesaria para que nuestros tecnólogos estén al día sobre lo que tan rápidamente evoluciona en el mundo. El reciente éxito de la Argentina en un campeonato mundial de fútbol robótico es muy alentador y abre expectativas en esa área. Lo mismo sea probablemente cierto en otras áreas de la física, como la de los superconductores, tema en el cual disponemos de grupos de investigadores de nivel internacional. Aquí como en otras áreas de la tecnología de avanzada, existen temas tales como muchos que se relacionan con la informatización de aspectos de la administración pública, como el control de la recaudación impositiva y la vigilancia del territorio donde los tecnólogos argentinos están capacitados y dispuestos a desarrollar los sistemas que el Estado nacional requiere con urgencia para resolver algunos de los problemas más acuciantes y peculiares de esta etapa de nuestra vida nacional.

En muchos de estos temas, el ya mencionado empleo inteligente del poder de compra del estado aún podría ser aplicado en plenitud, lo cual, mediante la necesaria decisión política, se brindaría una ocasión preciosa para crear toda una industria que podría proyectarse luego con ventajas a otros países.

Sin caer en un optimismo injustificado, creemos que hay cosas que se pueden hacer para aprovechar la capacidad científica y tecnológica que posee la Argentina. Pero es necesario dejar de lado viejas concepciones teóricas y opciones políticas que, en el mundo de hoy, resultan inadecuadas. También se requiere que el estado vaya más allá de sus abstractas declaraciones en apoyo al sistema de ciencia y técnica, y que muchos integrantes de la comunidad académica superen los temores en que están sumidos así como actitudes de defensa corporativa, para repensar su propio papel en la sociedad.

 

Tomás Buch es doctor en Físicoquímica, consultor independiente en temas de tecnología y educación tecnológica. Fue director de proyectos de la empresa de tecnología (INVAP).

El artículo completo se encuentra en: Ciencia Hoy, Vol. 12, Nº 70, 2002

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