Los seres humanos somos en un 99.9 % genéticamente idénticos,
es decir, la secuencia de nucleótidos que componen nuestros
ácidos nucleicos solo difiere en un 0.1 %. Si bien esta cantidad es mínima
expresada como porcentaje, en cantidad neta adquiere otra dimensión y puede
pensarse de la siguiente manera: existen 3 millones de nucleótidos en nuestro
ADN que están ordenados de una forma particular en cada individuo y nos
diferencian. Estas diferencias no están distribuidas al azar, sino que se hallan
en regiones específicas. La identificación de estas zonas permite establecer a
estas diferencias como una huella genética individual.
En el futuro puede que existan bancos de datos con las huellas genéticas de toda
la población. Por el momento, la asociación entre el material genético
contenido en una muestra biológica y un individuo, es utilizada para resolver casos
puntuales de filiación, de criminología o en la antropología molecular.
La escena del crimen
Es frecuente que en la escena de crímenes violentos sean encontradas muestras
biológicas como semen, sangre, pelos y restos de piel bajo las uñas de las víctimas.
Este tipo de muestras posee ácidos nucleicos (ADN) de la persona de la cual provienen.
El desarrollo de técnicas de biología molecular, que permiten un análisis
exhaustivo del ADN contenido en ellas, ha hecho que este tipo de evidencias
cobre particular importancia. Esto se debe a que puede establecerse una huella
genética prácticamente inequívoca que permite correlacionar la evidencia
encontrada en la escena del crimen con un sospechoso, claro que hay que tener un
sospechoso.
Básicamente, lo que se pretende hacer en este tipo de estudios es comparar el
ADN recuperado a partir de la evidencia física con el de los sospechosos.
Para esto, debe realizarse un perfil de ADN de ambas, utilizando marcadores
genéticos que permitan distinguirlas o asociarlas.
Marcadores genéticos:
Variación en la longitud de los fragmentos de restricción (RFLP)
El uso de perfiles de ADN para la identificación de sospechosos fue implementado
a comienzos de la década del 80 por el genetista Alec Jeffreys, de la
Universidad de Leicester (Gran Bretaña). En aquel momento, el análisis se basaba en la
digestión con enzimas de restricción del ADN contenido en las muestras. Las
enzimas de restricción reconocen secuencias específicas del ADN y lo cortan,
generando fragmentos. Si existe una variación de simplemente una base en la zona
de reconocimiento de la enzima, la digestión no ocurre. Así, para analizar las
muestras el ADN es digerido con enzimas específicas que lo cortaran en
fragmentos de distintos tamaños de acuerdo al número de veces que aparezca la
secuencia de reconocimiento de la enzima utilizada. Una vez que se completa la
digestión los fragmentos se separan de acuerdo a su tamaño, resultando en
diferentes patrones de bandas. Si las muestras de ADN corresponden a un mismo
individuo el patrón de bandas debería ser idéntico mientras que
no será así si la muestra no corresponde al sospechoso.

Las flechas rojas señalan 2 patrones de bandas similares. Indicando que ambas
muestras corresponderían a la misma persona.
De esta manera, es posible vincular o descartar la asociación entre el ADN
obtenido de una evidencia y un sospechoso. Esta técnica fue útil en un comienzo,
pero requería de grandes cantidades de muestra y tomaba algunas semanas, luego
de lo que no siempre se arribaba a conclusiones definitorias.
Repeticiones cortas en tandem (Short Tandem Repeat o STR)
Dentro del genoma humano es posible detectar la presencia de secuencias cortas
que se repiten consecutivamente (ATATATATATATAT..........ATATATAT). Si bien la
secuencia que se repite (AT) está conservada, el número de repeticiones suele
ser variable entre individuos. Así, por ejemplo, una persona puede tener una
serie de 23 repeticiones AT mientras que otra una de 31. La longitud de la
repetición puede utilizarse como marcador genético.
En la actualidad se utiliza un sistema basado en al determinación de 13 sitios
distintos de STR, con lo que la posibilidad que 2 individuos no relacionados
tengan el mismo perfil de ADN es 1 en un trillón.
Polimorfismo de una sola base (SNP)
Un sistema de identificación de individuos de gran importancia es la
localización secuencias donde se observan variaciones puntuales de una sola
base, denominadas Single Nucleotide polymorphism. La variabilidad
observada en este tipo de secuencias es menor a la presente en los STR (50 a 1),
sin embargo, existen técnicas que facilitan su estudio. El reciente desarrollo
de chips de ADN permite el análisis de miles de secuencias de ADN
simultáneamente, con lo que es posible desarrollar versátiles sistemas de
identificación.
Perfil de ADN
Con cada uno de estos sistemas de identificación de polimorfismos puede
establecerse un patrón o perfil de ADN. Los marcadores moleculares utilizados
pueden ser considerados como de ocurrencia independiente y se heredan de
generación en generación con lo que permiten establecer relaciones filiales
además de vincular evidencias con sospechosos.
Como ejemplo del poder de discriminación de las técnicas basadas en las huellas
genéticas podemos realizar la siguiente consideración: para una región del ADN
en la que se ha detectado la existencia de 10 variantes alternativas en la
secuencia de nucleótidos, la frecuencia de aparición de una de estas variantes
es 0.1. Si se estudian en forma simultánea 10 de estas regiones entre dos
individuos, la probabilidad que estos coincidan en todos las posibilidades es de
0.1 x 1010. Es decir, la posibilidad que 2 individuos tomados al azar
posean el mismo perfil de ADN es de 1 en 100 000 millones.