A lo largo de la historia la gente ha intentado entender el universo
dividiendo la materia en pedazos cada vez más y más pequeños. Esta estrategia ha
sido extremadamente exitosa: a medida que nos concentramos en distancias más
pequeñas aparecen estructuras más simples y fundamentales. En los comienzos del
siglo veinte los químicos descubrieron que toda la materia estaba formada por
unas pocas docenas de partículas de distintos tipos, los átomos. Más tarde se
encontró que los mismos átomos estaban compuestos por partículas aún más
pequeñas: electrones, protones y neutrones. Hoy las partículas fundamentales son
los fotones, electrones, cuarks y otras pocas partículas más.
Es natural preguntarse, ¿son los fotones, electrones y cuarks las verdaderas
partículas elementales? ¿O están compuestos de objetos aún más pequeños y
fundamentales? En los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo para responder
estas preguntas. Sin embargo las mismas preguntas pueden no tener sentido ya que
están basadas en la suposición implícita de que podemos entender la naturaleza
de las partículas elementales dividiéndolas en otras más pequeñas. ¿Pero tiene
necesariamente sentido esta línea de pensamiento?
En “Más es diferente”, un ensayo publicado en la revista Science en 1972, el
premio Nobel de Física P. W. Anderson sostiene que esta línea de pensamiento
reduccionista tiene una capacidad muy limitada para explicar el mundo. Anderson
afirma que la realidad tiene una estructura jerárquica, donde cada nivel es
hasta cierto grado independiente de los otros niveles. Cuando muchos entes
elementales se agrupan surgen fenómenos emergentes, propios del conjunto y no de
cada ente por separado. Para Anderson, la emergencia de nuevas propiedades es
uno de los misterios más intrigantes de la ciencia.
A continuación reproducimos algunos párrafos del trabajo de Anderson.
Más es diferente
P. W. Anderson
Es posible que la hipótesis reduccionista sea todavía motivo de controversia
entre filósofos, pero pienso que la hipótesis es aceptada sin cuestionamientos
por la gran mayoría de los científicos. El funcionamiento de nuestras mentes, de
nuestros cuerpos y de toda la materia animada e inanimada de la cual tenemos un
conocimiento detallado, se asume que está controlado por el mismo conjunto de
leyes fundamentales, el cual, excepto bajo ciertas condiciones extremas,
conocemos bastante bien.
Parece inevitable acordar acríticamente con lo que, a primera vista, surge como
un corolario obvio del reduccionismo: que si cada cosa obedece las mismas leyes
fundamentales, entonces los únicos científicos que están estudiando algo
realmente fundamental son aquellos que están trabajando en esas leyes. En la
práctica, esto involucra a algunos astrofísicos, algunos físicos de partículas
elementales, algunos lógicos y matemáticos y unos pocos más. Este punto de vista
-oponerse al mismo es el principal propósito de este artículo- está expresado en
un pasaje bastante conocido del físico de partículas elementales Victor
Weisskopf:
Mirando el desarrollo de la ciencia en el siglo veinte uno puede distinguir dos
tendencias, a las cuales llamaré investigación intensiva e investigación
extensiva, a falta de una terminología mejor. Brevemente: la investigación
intensiva se dedica a las leyes fundamentales, la investigación extensiva se
dedica a la explicación de los distintos fenómenos en función de las leyes
fundamentales conocidas. Como siempre, distinciones de este tipo tienen algo de
ambigüedad, pero en la mayoría de los casos son claras. La física del estado
sólido, la física del plasma y quizás también la biología son extensivas. La
física de alta energía y una buena parte de la física nuclear son intensivas.
Siempre hay mucho menos investigación intensiva desarrollándose que extensiva.
Una vez que nuevas leyes fundamentales son descubiertas, una gran actividad
comienza en orden para aplicar los descubrimientos a los hasta entonces
fenómenos inexplicados. Por lo tanto, la investigación básica tiene dos
dimensiones. La frontera de la ciencia se extiende todo a lo largo de una larga
línea, desde la más reciente investigación intensiva, pasando por la
investigación extensiva generada por la investigación intensiva de ayer, hasta
la amplia y bien desarrollada red de actividades de investigación extensiva
basada en investigaciones intensivas de décadas pasadas.
Un buen indicador de la efectividad de este mensaje es que lo escuché citado
recientemente por un científico líder del área de ciencia de materiales, quien
quería convencer a los participantes de un congreso dedicado a los "problemas
fundamentales en la física de la materia condensada" a que acepten que existían
muy pocos o ninguno de tales problemas, y que nada había quedado por hacer
excepto ciencia extensiva, la cual este señor parecía equiparar a la ingeniería
de aparatos.
La principal falacia de esta clase de argumentos es que la hipótesis
reduccionista no implica de ninguna manera una hipótesis "construccionista": La
habilidad de reducir cada cosa a leyes fundamentales simples no implica la
habilidad de comenzar con aquellas leyes y reconstruir el universo. De hecho,
cuanto más nos dicen los físicos de partículas acerca de la naturaleza de las
leyes fundamentales, menor es la relevancia que parecen tener esas leyes para
los problemas muy reales del resto de la ciencia, y mucho menor aún para los
problemas de la sociedad.
La hipótesis construccionista se quiebra cuando es confrontada con las
dificultades gemelas de escala y complejidad. Resulta ser que el comportamiento
de grandes y complejos agregados de partículas elementales no puede ser
entendido en términos de una simple extrapolación de las propiedades de unas
pocas partículas. En su lugar, en cada nivel de complejidad aparecen propiedades
completamente nuevas, y el entendimiento de los nuevos comportamientos requiere
de investigación que considero tan fundamental en su naturaleza como cualquier
otra. Esto es, me parece que se pueden acomodar las ciencias más o menos
linealmente en una jerarquía de acuerdo a la siguiente idea: las entidades
elementales de la ciencia X obedecen las leyes de la ciencia Y.
| X |
Y |
| Física del estado sólido o de
muchos cuerpos |
Física de partículas elementales |
| Química |
Física de muchos cuerpos
|
| Biología molecular |
Química |
| Biología celular |
Biología molecular |
| ... |
... |
| Psicología |
Fisiología |
| Ciencias sociales |
Psicología |
Pero esta jerarquía no implica que la ciencia X es simplemente ciencia Y
aplicada. En cada nivel son necesarias leyes, conceptos y generalizaciones
enteramente nuevos, requiriendo un grado tan grande de inspiración y creatividad
como en el nivel previo. Psicología no es biología aplicada, ni biología es
química aplicada.
…
La arrogancia de los físicos particuleros y su investigación intensiva ya es
algo del pasado (el descubridor del positrón dijo "el resto es química"), pero
aún no nos hemos recuperado de la arrogancia de algunos biólogos moleculares,
quienes parecen decididos a reducir cada característica del organismo humano a
"solo" química, desde el resfrío común y las enfermedades mentales, hasta el
instinto religioso. Seguramente hay más niveles de organización entre la
etología humana y el ADN que los que hay entre el ADN y la electrodinámica
cuántica, y cada nivel puede requerir una nueva y
completa estructura
conceptual.
Para finalizar, quiero dar dos ejemplos, tomados de la economía, de lo que
espero haber dicho. Marx dijo que las diferencias cuantitativas se transforman
en cualitativas, aunque un diálogo en Paris, en los 1920's, deja las cosas mucho
más en claro:
FITZGERALD: Los ricos son diferentes a nosotros.
HEMINGWAY: Sí, ellos tienen más plata.