El comprender como pudo haber surgido la vida ha sido una cuestión que el hombre
ha tratado de responder mediante explicaciones de orden religioso, mitológico
y científico. Estas últimas, de las que nos ocuparemos en este artículo, tienen
la particularidad de haber ido cambiando rotundamente a medida que se progresó
en la comprensión de los fenómenos biológicos. Las teorías sostenidas durante
largos períodos fueron refutadas para dar paso a nuevas, a las que les ha
ocurrido lo mismo.
La generación espontánea
Desde la antigüedad se pensaba que la vida podía surgir por generación espontánea, a
partir de la combinación de los cuatro elementos que se consideraban esenciales:
aire, fuego, agua y tierra; Aristóteles,
por ejemplo, propuso que gusanos, insectos y peces provenían de sustancias como
el sudor o el rocío, como resultado de la interacción de la materia "no
viva" con "fuerzas capaces de dar vida"

Esta idea, con sus distintas variantes para piojos, pulgas, gusanos, garrapatas y
ratones perduraron hasta que los experimentos realizados en 1668 por el
médico italiano Francisco Redi comenzaron a dar luz a nueva
interpretación de las evidencias.
Lo que Redi hizo fue un experimento muy simple, colocó trozos de carne
en tres recipientes iguales, al primero lo cerró herméticamente, al segundo lo
cubrió con una gasa y al tercero lo dejó descubierto. Luego de un tiempo observó
que en el frasco tapado no había
gusanos, aunque la carne estaba podrida y mal oliente. En el segundo pudo
observar que, sobre la tela, había huevos de las moscas que no pudieron
atravesarla, la carne del tercer frasco tenia gran cantidad de larvas y moscas.
Con este experimento se empezó a demostrar la falsedad de la teoría de la
"generación espontánea".
El mundo microscópico
Sin embargo la polémica no se aclaró completamente y se encendió aún más
en 1677, cuando Antón van Leeuwenhoek
desarrolló el microscopio óptico y descubrió un mundo hasta entonces
ignorado, el de los microorganismos. Años después, en 1862, Louis
Pasteur
realizó una serie de
experimentos que contribuyeron a terminar con la idea de la generación
espontánea. Él pensaba que los causantes de la putrefacción de la materia
orgánica eran microorganismos que se
encontraban en el aire. Para demostrar su hipótesis, diseñó unos matraces con
cuello de cisne, en los cuales colocó líquidos nutritivos que después hirvió
hasta esterilizarlos.
Posteriormente observó que en el cuello de los matraces quedaban
detenidos los microorganismos del aire y, aunque el aire entraba en contacto con
la sustancia nutritiva, no había putrefacción. Para verificar sus
observaciones, rompió el cuello de un matraz y comprobó que
entonces sí se producía la
descomposición de la sustancia nutritiva.
La panspermia
Si bien estas experiencias explicaban de donde no venía la vida, no
mostraban cuál podría ser su origen. En
1908 S. Arrhenius propuso una teoría
para explicar el origen de la vida conocida como panspermia,
según la cual la vida llegó a la Tierra desde el
espacio exterior en forma de esporas y bacterias. Más allá de la baja
posibilidad de sobrevida de los seres vivos en el espacio interestelar esta
teoría no explicaba tampoco cómo la vida había surgido en su lugar de origen,
por lo que la cuestión estaba lejos de ser aclarada por esta hipótesis.
El origen de la vida
En el primer cuarto del siglo XX Alexandre Ivánovich Oparin
y John Burdon Sanderson Haldane propusieron la teoría de
la "evolución química" o "prebiótica".
Estos bioquímicos propusieron
que la atmósfera primitiva carecía de
oxígeno libre, pero que en ella había sustancias como hidrógeno, metano y
amoníaco. Según su teoría estos elementos reaccionaron entre sí debido a la
energía de la radiación solar, la actividad eléctrica de la atmósfera y a la de
los volcanes, dando origen a los primeros compuestos orgánicos. Esta teoría
encendió nuevamente la polémica que poco tiempo atrás había sido aclarada en
torno a la generación espontánea, ya que si no es comprendida en profundidad
puede interpretarse erróneamente. Lo que Oparin y Haldane propusieron es que
previamente a la formación del primer ser vivo hubo un largo período de
evolución química prebiótica en la que se formaron las moléculas básicas que
luego dieron origen a los primeros seres vivos.

La teoría de Oparin fue
validada experimentalmente por Stanley Miller en 1953,
como parte de su tesis doctoral dirigida por H. Urey,
consiguiendo obtener compuestos orgánicos
complejos después de reproducir las condiciones primitivas del planeta en
un aparato de laboratorio. Miller creó un dispositivo en el cual una mezcla de
gases, que imitaba la atmósfera primitiva, era sometida a la acción de descargas
eléctricas dentro de un circuito cerrado, en el que hervía y condensaba agua repetidas
veces. En este sistema se producían moléculas orgánicas sencillas, y a partir
de ellas otras más complejas, como aminoácidos, ácidos orgánicos y nucleótidos.
Se abrió así camino a la obtención de numerosas moléculas orgánicas. En
condiciones de laboratorio se han conseguido sintetizar azúcares, glicerina,
aminoácidos, polipéptidos, ácidos grasos y muchas otras moléculas.
Así, hoy podemos pensar que probablemente los elementos que se encontraban en
la atmósfera y los mares primitivos se combinaron para formar compuestos como
los carbohidratos, las proteínas y los aminoácidos. Conforme se
formaban, estas sustancias se iban acumulando y uniendo, constituyendo
sistemas microscópicos esferoides, delimitados por una membrana que en su
interior contenía tanto agua como a las sustancias disueltas. Oparin demostró que en el interior
de estos esferoides ocurrían reacciones químicas que daban lugar a la formación de
sistemas naturalmente más complejos.
Estos sistemas de macromoléculas, a los que Oparin llamó protobiontes,
estaban expuestos a las condiciones adversas del medio, por lo que no todos
permanecieron en la Tierra primitiva, pues las diferencias existentes entre
cada sistema permitían que sólo los más resistentes subsistieran, mientras
aquellos que no lo lograban se disolvían en el mar primitivo. Este proceso de
selección impulsó la evolución de los protobiontes, dando lugar a lo que Oparin
llamó eubiontes, que ya eran células primitivas similares a las que hoy
conocemos.
Según la teoría de Oparin–Haldane, así surgieron los primeros seres
vivos. Muy sencillos, pero muy desarrollados para su época. Los eubiontes eran
capaces de tomar sustancias del medio, y cuando llegaban a cierto tamaño se
fragmentaban en otros más pequeños, a los que podemos llamar descendientes.
Estos conservaban muchas características de sus progenitores e iban, a su vez,
creciendo y posteriormente también se fragmentaban. De estas células primitivas
sobrevivieron sólo aquellas que se adaptaron más eficientemente al entorno de
aquellos años y así pudo haberse iniciado el largo proceso de evolución de las
formas de vida en nuestro planeta.