La necesidad de comprender el mundo que nos rodea e inventar teorías que expliquen
“cómo funciona” la naturaleza es una característica que identifica al hombre como
tal. En el área de la biología los avances en el terreno del conocimiento han sido
contundentes, sobre todo en
los últimos 50 años y hoy se comprenden a nivel molecular una gran cantidad de
procesos biológicos. Sin embargo, hay todavía preguntas fundamentales que no han
tenido una respuesta completamente satisfactoria. La revista New Scientist,
en su edición de setiembre de 2004, enuncia algunas de ellas. En esta sección
haremos una reseña de algunas de estas preguntas y de qué es lo que cuestionan.
¿Qué es la vida?
Esta pregunta, básica, parece
simple de responder, después de todo, es muy sencillo reconocer un organismo
vivo cuando lo vemos. Pero una definición completa y precisa no es tan fácil de
formular. Muchas veces la búsqueda de la respuesta se ha orientado mostrando qué
es lo que los seres vivos hacen -“toman nutrientes del medio y eliminan
desperdicios”, como los autos- o -“Se replican y participan en procesos
evolutivos”, como muchos programas de computación.
Biólogos y filósofos han tratado de
llegar a un acuerdo sobre un criterio universal para definir que es la vida y
todavía no lo han logrado. Quizás, la definición más popular sea la propuesta
diez
años atrás por Gerald Joyce (Scripps Research Institute, California). Joyce
describe la vida como “un sistema químico auto sustentable capaz de evolucionar
a través de un proceso de selección natural darwiniana”. Las mayores críticas
que esta definición ha recibido es que quizás no sea suficientemente amplia como
para incluir fenómenos vitales mas allá de la Tierra.
Una de las mayores dificultades que
debemos afrontar para responder esta pregunta es que toda la vida en nuestro
planeta proviene de un ancestro común. Debido a esto, no es sencillo puntualizar
cuáles son los componentes fundamentales e imprescindibles (membranas,
proteínas, ácidos nucleicos) y cuáles accidentes de la historia de la vida en
nuestro planeta. Definir la vida en estas condiciones es como pretender definir
lo que es un mamífero habiendo observado tan solo una cebra. Pero es que sólo
tenemos nuestra propia evidencia terráquea para hacer una generalización.
Necesitaríamos de un alien para poder ampliar nuestra visión.
¿Cómo comenzó la vida?
En la antigüedad
se pensaba que la vida podía surgir por generación espontánea a partir de la
combinación de los cuatro elementos que se consideraban esenciales: aire, fuego, agua, y tierra.
Aristóteles, por ejemplo, propuso que gusanos, insectos y peces provenían de
sustancias como el sudor o el rocío, como producto de la interacción de la
materia “no viva” con “fuerzas capaces de dar vida”.
Fue recién en el siglo XVII que
estas ideas comenzaron a dar lugar a nuevas explicaciones. Francisco Reddi,
inicialmente, y Luis Pasteur, más adelante, diseñaron sencillos experimentos que
contribuyeron en gran medida a entender porqué no era la generación espontánea
lo que hacía aparecer moscas en la carne o microorganismos en los caldos de
cultivo.
En el año 1920
Alexandr Oparin y John Haldane plantearon la teoría de la “evolución prebiótica”. Estos bioquímicos propusieron
que previamente a la formación del primer ser vivo hubo un largo período de
evolución química en el que se formaron las moléculas básicas que luego dieron
origen a los primeros seres vivos.
La teoría fue experimentada con validez por Stanley Miller en 1953, quién consiguió obtener
compuestos orgánicos complejos después de reproducir las condiciones primitivas
del planeta en un aparato de laboratorio. Miller creó un dispositivo, en el cual
sometió una mezcla de gases similar a la que podría haber existido en la
atmósfera primitiva a la acción de descargas eléctricas. Esto ocurría dentro de
un circuito cerrado en el que hervía y condensaba agua repetidas veces. Este
experimento constituye una clara evidencia a favor de la teoría de la evolución
prebiótica para explicar el origen de la vida, máxime si pensamos que la
naturaleza dispuso de todo el planeta Tierra como laboratorio para hacer los
experimentos y millones de años para obtener los resultados.
¿Hay vida en otros planetas?
Vaya pregunta. Para empezar,
deberíamos saber qué es lo que estamos buscando -nuestra primer pregunta- y
responderla, sin duda podría contribuir en gran manera a resolver la segunda
-¿Cómo comenzó todo?-. Pero es muy poco lo que en los últimos 20 años se ha
avanzado en el campo científico para resolver esta cuestión. Dado lo vasto del
universo y la diversidad de entornos que existen en los distintos planetas es
difícil imaginar que no exista vida fuera de la Tierra. Sin embargo no se han
encontrado evidencias científicas contundentes que apoyen esto más allá de la
teoría de probabilidades.
Si bien bien existen muchas
expectativas de encontrar evidencias de que haya existido vida en Marte, no podrá
descartarse que éstas provengan de la Tierra, ya que existe entre ambos planetas
un intercambio de fragmentos de rocas a través del espacio. Quizás uno de los
mayores obstáculos en la tarea de encontrar vida fuera de la Tierra sea que el
concepto de vida es bastante difuso. ¿Esperamos encontrar sistemas basados en la
química del carbono como ocurre en la Tierra?
Así es que por ahora no hay más respuestas a esta pregunta.
¿Cuántas especies hay en la Tierra?
En los 250 años transcurridos desde
que Carl Linnaeus desarrolló el sistema para nombrar y clasificar los seres
vivos los científicos han descripto alrededor de 1,7 millones de especies.
Actualmente nadie sabe cual es el número total de especies que existen en la
Tierra, más aún, ni siquiera cuantas especies han sido ya clasificadas. Todos
acuerdan en la existencia de un gran número de especies no descubiertas, pero el
número de ellas podría estar entre 5 y 100 millones.
Hace alrededor de 20 años, el
entomólogo Terry Erwin fumigó 19 especies de árboles de la selva tropical
panameña y contó el número de especies de insectos que caían de ellos. En base a
esto estimó que el número total de especies de insectos sería alrededor de 30
millones. Sin embargo, fue criticado porque muchas especies de insectos pueden
habitar en distintas especies de árboles y las nuevas estimaciones suponen la
existencia de alrededor de 5 millones de especies de insectos por descubrir.
Es probable que el mundo microbiano
sea el que ponga en evidencia la magnitud de nuestra ignorancia. Basándose en
métodos microscópicos se han descripto apenas unas 2000 especies de bacterias,
pero métodos basados en la secuenciación de los genes presentes en muestras de
tierra permitieron estimar que en tan sólo un gramo de suelo habría entre 6400 y
38000 especies.
De todas maneras, es claro que no
es el número en sí lo que interesa sino la información que surja de relacionar
las características de cada especie con su hábitat, lo que ayudaría a comprender
más acerca de ecología y biología evolutiva. Por otra parte, el conocimiento en
profundidad de la biodiversidad y las capacidades biológicas y químicas de los
organismos de nuestra biosfera presentará nuevas soluciones a viejos problemas.
¿Para qué el sexo?
El origen de esta estrategia
reproductiva puede haberse dado hace alrededor de 1500 millones de años, cuando
un grupo de organismos unicelulares, conocidos hoy como protistas (amebas,
paramecios, etc.) habría fagocitado otro organismo sin digerir su presa
totalmente. De esta manera se dio lugar a que los núcleos de predador y presa se
fusionaran, creando un nuevo núcleo (podríamos llamarlo doble) que fue
transmitido a la siguiente generación. Este fenómeno pudo ser el estadio
ancestral del proceso de fertilización.
El aporte más importante de la
sexualidad como estrategia reproductiva es sin duda el de generar diversidad
genética. En la reproducción asexual, la única fuente de variabilidad son las
mutaciones (cambios aleatorios y hereditarios del material genético), sin
embargo, en la reproducción sexual se suma la recombinación de los materiales
hereditarios de los progenitores. Si bien no hay dudas de esta ventaja no está
en absoluto claro cómo surgieron los primeros organismos que se reprodujeron
sexualmente y cómo la sexualidad ha evolucionado en el tiempo.
Pero si analizamos “cómo lo hacen”
las especies multicelulares veremos que el 99.9 % se reproducen sexualmente,
alguna ventaja debe de tener, o, quizás, el sexo sea sólo algo muy difícil de
abandonar.
Por supuesto que las preguntas
fundamentales son más, y por tanto, más las respuestas incompletas. Pero mas
allá de la incertidumbre que puede dejarnos una pregunta sin respuesta, es
alentador saber que podemos seguir buscando, y, quizás, cuando hallemos todas
las respuestas habrán cambiado todas las preguntas.