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Bajo la lupa | Julio 2003
 

Proteoma humano: El nuevo desafío

A lo largo del siglo XX se han logrado grandes avances en la comprensión de las bases genéticas de los fenómenos biológicos. La biología molecular de los ácidos nucleicos (ADN y ARN) tuvo un desarrollo vertiginoso, y en alrededor de 50 años pasamos de la comprensión básica de su naturaleza química (la doble hélice) a la secuencia completa de los cromosomas humanos (ver El fin del principio, Divulgón 1). Sin embargo, el Proyecto Genoma Humano representa sólo “el fin del principio”. La secuencia del genoma es un conjunto de datos muy valiosos, pero absolutamente estático. Pensemos por ejemplo en dos células de un mismo individuo, una hepática y una nerviosa, ambas poseen el mismo genoma, sin embargo, es obvio que presentan grandes diferencias funcionales y estructurales. Estas diferencias no pueden ser explicadas por su genoma.

¿Dónde buscar entonces? Una respuesta posible podría ser buscar en el resultado de la expresión de ese genoma, es decir, en las proteínas que se sintetizan a partir de la información contenida en el ADN. Este nivel de análisis nos puede brindar una visión dinámica, ya no de la información genética contenida en el núcleo de la célula sino de qué parte de esa información se está manifestando en un momento dado. Podemos ver también la situación de la siguiente manera: cuando existe una modificación en el ambiente, pensemos simplemente en un cambio de temperatura, nuestro genoma permanece inalterado, sin embargo, nuestro proteoma (el conjunto de nuestras proteínas), se modifica inmediatamente para conservar las propiedades fisiológicas de las células. Es por esto que muchos investigadores prefieren definir este tipo de estudios como proteómica funcional, para que refleje la naturaleza dinámica que posee describir todas las proteínas sintetizadas por un organismo en un tiempo relativamente breve.

En principio podríamos pensar que las proteínas sintetizadas por un organismo deberían poder ser deducidas a partir de su genoma. Pero no todo es tan sencillo.


Un gen, ¿una proteína?

Hace aproximadamente 40 años se postuló el dogma central de la biología, por el cual se proponía el axioma un gen, una proteína. Esto fue de gran importancia porque vinculaba de una manera eficiente a las moléculas responsables de la mayoría de las actividades biológicas conocidas con la molécula que contenía la información para su síntesis. Este axioma es en líneas generales válido, pero a medida que se extendieron y profundizaron los estudios genéticos y bioquímicos se observó que no todo es exactamente así. Pero primero veamos en que consiste la síntesis de proteínas. La información básica y fundamental para que se puedan sintetizar las proteínas está contenida en el ADN. Esta molécula es un polímero de sólo cuatro elementos distintos (los nucleótidos A, C, G y T). Así, una secuencia de ADN puede representarse como un texto escrito con estas cuatro letras, por ejemplo, AAT TTG GTA ATT AAG CCC. Esta información está contenida en el núcleo y debe ser llevada hasta el lugar mismo donde se van a sintetizar las proteínas. De esto se encarga otro ácido nucleico denominado ARN mensajero (ARNm). El ARN mensajero tiene una estructura similar a la del ADN pero es más pequeño y puede atravesar la membrana nuclear e ir hasta el citoplasma. Allí, la información es traducida de un lenguaje de nucleótidos a uno de aminoácidos (los constituyentes básicos de las proteínas). El código que utiliza la célula para esta traducción es relativamente sencillo, a cada grupo de tres nucleótidos (denominado codón) se le asigna un aminoácido. Así, por ejemplo a la tríada AAT le corresponde el aminoácido asparagina, y a la TTG leucina, entonces, la secuencia de nucleótidos AAT TTG GTA ATT AAG CCC resulta en los aminoácidos leucina, valina, isoleucina, lisina y prolina.

Pero ocurre que en muchas ocasiones el ARNm es editado antes de ser traducido, es decir, fragmentos de ARN se cortan y pegan formando un mensaje nuevo, entonces la secuencia de aminoácidos sintetizada es distinta. Este proceso es denominado splicing.

Pero las complicaciones para el dogma no terminan aquí. Muchas proteínas una vez sintetizadas son modificadas por la unión de otras moléculas, tales como fosfatos, acilos, azucares, lípidos, etc., moléculas que se unen de forma estable y pueden modificar radicalmente la actividad biológica de la proteína. Entonces, si consideramos las modificaciones postrancripcionales (edición de ARN) y postraducionales (fosforilación, ubiquitinilación, glicosilación, adenilación, unión a lípidos, clivaje proteolítico, etc.) vemos que se puede arribar a proteínas de actividad biológica muy diversa partiendo de un mismo gen. Según se ha estimado hay en promedio alrededor de 1 a 2 proteínas por gen en bacterias, 4 a 6 en levaduras y hasta 8 en el ser humano. Esto hace que la información contenida en el genoma no sea suficiente para inferir cuáles son las proteínas celulares y mucho menos para interpretar qué es lo que está pasando en una célula. De hecho, se calcula que en el ser humano existen algo así como 20000 a 40000 genes, que generan no menos de 60000 a 80000 ARN mensajeros, resultando luego en 200000 a 400000 proteínas.

Herramientas

Encarar un proyecto como el proteoma humano supone el diseño de herramientas acordes al estudio de la secuencia y estructura de las proteínas. Las proteínas presentan cuatro niveles de estructura claramente definidos, que van desde su estructura primaria (la secuencia de aminoácidos) hasta asociación con otras proteínas. La técnica básica que se utiliza para estudiar el proteoma es la separación de proteínas en geles de 2 dimensiones, donde las proteínas son separadas en una primera instancia por su carga eléctrica neta y luego por su tamaño. Así, es posible separar de una manera automatizada hasta 10.000 proteínas distintas en un gel. Otras técnicas utilizadas son la espectrometría de masas, la resonancia magnética nuclear y la cristalografía de rayos X, que permiten identificar y caracterizar las proteínas para poder luego integrar la información y hacer una suerte de mapa proteico de la célula.

Perspectivas

Existe la expectativa de que la proteómica tenga un rol muy relevante en la medicina molecular ya que una gran cantidad de medicamentos son proteínas o ejercen sus acciones a través de ellas. La posibilidad de identificar la presencia de una proteína en particular permite comparar los patrones proteicos presentes en distintas muestras y asociar las diferencias a su origen. Por ejemplo, se pueden comparar las proteínas totales presentes en líquido cefalorraquídeo de personas sanas y enfermas e identificar proteínas asociadas a enfermedades neurodegenerativas. La construcción de mapas proteicos comparativos permitirá avanzar sobre la comprensión de numerosas enfermedades y en el planteo de nuevas estrategias terapéuticas. En suma, comienza una era postgenómica, basada en las expectativas de inmediatos e importantes logros en el campo de la proteómica.


Más información en:
  www.e-proteomics.net
  www.hhmi.org/news/fields2-esp.html
  us.expasy.org/sprot/hpi/

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