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Hache dos O
El agua es un material muy enigmático. Sólo nos parece
común porque estamos acostumbrados a ella. Es tan importante
para la vida que la palabra con la que designamos a una región
desprovista de agua -desierto- evoca inmediatamente la imagen de un
lugar sin vida.
A primera vista no se entiende por qué puede haber un líquido
en la superficie de la Tierra. En términos generales se observa
que los líquidos tienen menores temperaturas de condensación
a medida que las moléculas que los componen se vuelven más
livianas. Sin embargo hay moléculas más pesadas que el
agua, como las de nitrógeno, oxígeno, dióxido de
carbono y ozono, que a temperatura ambiente forman gases, mientras que
el agua forma océanos de líquido.
La
razón es que las moléculas de agua se atraen intensamente
a través de los llamados enlaces o puentes de hidrógeno.
Estos se establecen mediante el siguiente mecanismo: los átomos
de hidrógeno cuentan con un único electrón (carga
eléctrica negativa) alrededor de su núcleo cargado positivamente.
Cuando se forma la molécula de agua, H2O, el electrón
del hidrógeno se ubica entre su núcleo y el átomo
de oxígeno, dejando al desnudo la carga positiva del hidrógeno.
El exceso de carga positiva del hidrógeno en un extremo de la
molécula de agua es atraído por el exceso de carga negativa
del extremo oxígeno de otras moléculas de agua, lo cual
hace que se vuelvan pegajosas y, así, que se adhieran unas con
otras en lugar de repelerse. De ahí que el agua sea líquida
a temperatura ambiente y presión normal. El carácter pegajoso
del agua lo podemos notar cuando caminamos sin hundirnos sobre la arena
mojada de una playa, a diferencia de lo que ocurre cuando lo hacemos
sobre la arena seca.
Esta manera asimétrica en que se distribuyen las cargas en la
molécula de agua se denomina polaridad y es la clave para comprender
las extraordinarias propiedades del agua.
Más raro aún: cuando el agua se congela, los enlaces de
hidrógeno mantienen a las moléculas vibrando siempre alrededor
de posiciones fijas que forman una estructura cristalina muy poco compacta,
es decir, con mucho espacio vacío. Si aumentamos la temperatura
las moléculas comienzan a vibrar con mayor amplitud hasta que
algunos enlaces se rompen haciendo que se desmorone la estructura regular
del hielo y que algunas moléculas ocupen los espacios vacíos.
Por eso, para un mismo volumen, hay más moléculas de agua
en la fase líquida a 0?C que en el hielo resultando, así,
la densidad del hielo inferior a la del agua líquida. De ahí
que el hielo flote en el agua, a diferencia de lo que hace cualquier
sólido respetable en su propio líquido como, por ejemplo,
el hierro.
Una vez que se funde el hielo, el agua queda compuesta por grupos o
racimos de moléculas de la estructura original. Si continuamos
suministrando calor una parte de éste se emplea para romper algunos
de los racimos y sólo el resto es utilizado para aumentar la
velocidad de las moléculas, y de esta manera incrementar la temperatura.
De ahí su baja variación de temperatura ante un cambio
importante de calor. Esta cualidad hace que el agua se diferencie notablemente
respecto de los demás líquidos y por eso se dice que tiene
un gran poder termo-regulador. Se estima, por ejemplo, que si en vez
de agua (que constituye el 70% del peso de nuestro cuerpo) tuviésemos
otro tipo de líquido, la cantidad de calor que libera un adulto
por día podría elevar nuestra temperatura hasta unos 100
o 150 ?C.
Pero volviendo al hielo, ¿qué ocurriría si éste
se hundiera en el agua?. En invierno se formaría hielo en el
fondo de un estanque, o del océano, y no en la superficie. En
lugar de tener hielo como cubierta aislante que mantiene el calor, los
océanos perderían todo su calor y se congelarían,
de abajo hacia arriba poniendo fin a la vida en la tierra.
Basado
en El pequeño libro de la ciencia (John Gribbin) y
El agua
(A. M. Bella y M. E. Hure, Editorial de la Universidad Nacional
de Rosario)
Más información en: www.puc.cl/quimica/agua/estructura.htm
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