Bienvenidos a Divulgón, Sencillamente ciencia
Editorial | Julio 2006
 
Flotaciones

Muchos hombres aman los mundos ingrávidos, sutiles y gentiles como pompas de jabón. Saludan a los aviones que pasan sobre sus cabezas, se sorprenden con las bocinas estridentes de los barcos, juegan a fabricar anillos de humo de cigarrillo. Las cosas que flotan tienen un encanto especial; tal vez sea porque se anhele esa voluntad que les permite elevarse hacia lo alto, resistiendo las fuerzas que tiran hacia abajo. En la número doce de Divulgón hay muchas cosas que flotan.

Y qué es lo primero que ve flotar el hombre y más lo asombra si no es la Luna. La Luna que siempre está ahí, prendida de ningún lugar, flotando en el medio del cielo. Pero hubo un tiempo en que no había Luna; un tiempo sin lunáticos, ni mareas, ni noches alumbradas por su luz. Por supuesto, eran otros tiempos. Pero, ¿cómo surgió la Luna? ¿Vino de algún otro rincón del Universo? ¿O es acaso un desprendimiento de nuestro planeta? En Lunático desconcierto se barajan hipótesis sobre los posibles orígenes de la Luna.

Sin pastillas, ni cirugía nos traslada al Paris de fines del siglo dieciocho. Allí, un tal doctor Mesmer practicaba una medicina alternativa que consistía en manipular el sutil e ingrávido magnetismo animal para curar todos los males. Bajo la influencia de Mesmer los pacientes sentían que flotaban en dimensiones desconocidas, arrastrados de aquí para allá por pura energía magnética. Edgar Allan Poe nos advierte que a veces estas prácticas no resultaban tan placenteras.

Más allá de las etéreas flotaciones de la Luna y de los pacientes del doctor Mesmer, en El comienzo de Arquímedes tenemos a Arquímedes gritando Eureka y respondiéndonos al mismo tiempo porqué flotan los barcos, los peces, los globos aerostáticos y todas esas cosas que se hamacan suavemente en el agua y en el aire.

Gracias al campo magnético terrestre una brújula permite distinguir norte de sur y no perdernos en el medio de la nada. Ahora si queremos distinguir arriba de abajo no necesitamos ningún instrumento, basta mirar donde están nuestros pies y sabremos donde está el abajo. Pero pensemos un rato en los bichos que viven dentro de los océanos, flotando en un mundo azul oscuro por todos lados. Mundo magnético nos explica que para estos bichos el campo magnético de la Tierra también es una buena ayuda para orientarse.

Quedémonos un rato en el agua. Se piensa que fue allí donde se desarrollaron las primeras formas de vida. En algún momento, uno de nuestros antepasados se cansó de flotar y buscó la tierra firme. Mucho millones de años después, evolución mediante, llegó el hombre. Historias de familia nos cuenta que genéticamente no somos tan distintos a nuestros predecesores, y que algo conservamos de aquellos parientes nuestros que hacían la plancha en el agua.

Los poetas intentan descifrar lo perecedero, lo que vive desapareciendo, lo que no se puede atrapar e intentan hacerlo tangible e inmortal. Buscan armar con palabras mundos sutiles que floten sobre nuestra realidad, como el vapor flota sobre el agua. Los científicos por otro lado buscan escribir el libro de la realidad. Pero ¿dónde está la esencia del hombre? ¿En lo real o en lo sutil? Literatura vs. Ciencia reproduce un artículo que rescata la literatura por sobre la ciencia, al Quijote por sobre la relatividad de Einstein. ¡A no enojarse!

 

Divulgón recibe correspondencia en divulgon@ifir.edu.ar