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Senderos que se bifurcan
En 1957 Hugh Everett III
propuso en su tesis doctoral, presentada en la Universidad de Princeton,
una interpretación radical y bizarra de la mecánica cuántica
para resolver algunos de sus aspectos más intrigantes. Su interpretación
es conocida actualmente como la interpretación de los muchos
mundos. De acuerdo a esta teoría siempre que existan numerosas
posibilidades realizables, el universo se divide en muchas copias, un
universo por cada posibilidad. En cada uno de estos universos todo es
idéntico, excepto por aquella elección diferente; a partir de ese punto
los distintos universos se desarrollan independientemente y no existe
comunicación posible entre ellos, por lo tanto las personas que viven
en esos mundos (y que se dividen junto con ellos) no tienen idea de
lo que está ocurriendo. De esta forma, el universo se bifurca eternamente.
Lo que es el “presente” para nosotros, yace en los pasados de un número
incontablemente enorme de futuros diferentes. Cada evento que puede
ocurrir, ocurre en alguno de estos universos.

En 1941, Jorge Luis Borges escribe
en El jardín de los senderos que se bifurcan:
“...El jardín de los senderos que se bifurcan es una imagen incompleta,
pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên. A diferencia
de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme,
absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y
vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama
de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente
se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría
de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted;
en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha
llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado
muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un
fantasma.”
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