Reflexiones acerca del principio de incertidumbre de Heisenberg
En los comienzos del siglo XX nuestra concepción física del mundo experimentó una revolución profunda
que obligó a cambiar las ideas fundamentales que nos habían guiado desde los
tiempos de Galileo y Newton. Esta revolución se inició cuando los físicos se
adentraron en el interior de la materia e intentaron comprender cómo se mueven
los electrones en los átomos y cómo se emite y absorbe la luz en los materiales.
No solamente la nueva teoría, conocida hoy como mecánica cuántica, dio origen a
una serie incesante de descubrimientos sino que el significado mismo del
proceso de medición debió ser reconsiderado. Lo que se puso en cuestión fue nada
menos que la posibilidad de separar el instrumento de observación del sistema
observado. Preguntas tales como si puede la física describir al mundo
independientemente de su observación o si la perturbación introducida por
nuestros instrumentos de medida puede hacerse tan chica como queramos, fueron
contestadas negativamente, rompiendo la concepción clásica que dominó la ciencia
durante más de tres siglos.
Hacia 1930, la nueva teoría permitía hacer predicciones
precisas sobre resultados experimentales que fueron comprobadas en los
laboratorios. Sin embargo la interpretación de los entes matemáticos
introducidos por la teoría era un enigma que imperiosamente debía resolverse.
Fue el físico alemán Werner Heisenberg quien realizó el primer análisis
crítico profundo de los conceptos clásicos que sirvieron para comprender el
mundo macroscópico y descubrió cuáles de estos principios debían ser abandonados
para lograr una descripción coherente de los sistemas atómicos. Heisenberg
cuestionó una noción fundamental en la mecánica clásica: la de la trayectoria de
un cuerpo material móvil. Desde tiempo inmemorial se la definía como el camino
que va recorriendo un cuerpo que se mueve a través del espacio. En el caso
límite ese cuerpo pasa a ser un punto y el camino se convierte en una línea
geométrica sin espesor. A nadie se le ocurría dudar de esta descripción,
estando todos seguros que con disminuir los errores experimentales en las
mediciones de posiciones y de velocidades nos acercaríamos más y más a esta
descripción exacta del movimiento.
Pero Heisenberg pensaba que esta concepción,
desarrollada observando el movimiento de los cuerpos en el mundo que nos rodea,
no podía aplicarse a los fenómenos atómicos. Su cuestionamiento se basó en una
reconsideración de lo que significa observar un sistema. Mirar un electrón, por
ejemplo, implica necesariamente iluminarlo, o sea hacer que interactúe con la
luz. Pero desde Planck sabemos que la luz está también constituida de pequeñas
partículas, los fotones, y éstos chocarán con nuestro electrón cambiándole su
trayectoria. Veremos que resulta imposible disminuir la perturbación que le
producen estos choques al electrón, lo que hará perder sentido físico a la idea
de una trayectoria ideal que exista independientemente de nuestra observación.
Un experimento para ver la trayectoria
Para hacer comprensible su idea, Heisenberg propuso
el siguiente experimento idealizado.
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Un experimento idealizado o “experimento mental” es un método de razonamiento
que se usa para asegurar que una idea, surgida en el ámbito de una teoría, no
lleve a contradicciones con otros principios básicos de la física. En este
ejercicio mental, el experimentador está en un “taller ideal” y puede hacer todo
tipo de experimentos o disponer de los instrumentos que necesite con tal que su
funcionamiento no contradiga las leyes de la física. Por ejemplo, en su
dispositivo, Heisenberg se equipó de un cañón que podía disparar un solo
electrón en un recinto completamente vacío, incluso de una molécula de aire. Su
luz provenía de una fuente ideal que podía emitir fotones en el número deseado y
con cualquier longitud de onda, desde las ondas de radio más largas hasta los
rayos gamma más cortos, pasando por todos los colores del espectro visible.
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Tiramos un cuerpo desde una pared de un recinto cerrado mediante un sistema
lanzador C, como se muestra en la figura de arriba. Sobre la pared opuesta
ponemos una cámara fotográfica que nos permita seguir la trayectoria de la
partícula. Finalmente, el recinto es iluminado por una lámpara B. La luz, al ser
reflejada por la partícula, ejerce sobre ella una presión que la desvía de su
trayectoria inicial. ¿Será posible disminuir esta perturbación hasta hacerla
despreciable?
La respuesta depende de cuan grande sea el cuerpo que queremos estudiar. Si éste tiene dimensiones macroscópicas, como una pelota de ping pong por ejemplo, la presión de la
radiación será despreciable y nuestra foto mostrará una hermosa trayectoria,
como esta.
Supongamos ahora que disminuimos el tamaño de nuestro cuerpo hasta que se convierta
en un electrón. A esta escala no podemos obviar la característica corpuscular de
la luz y debemos imaginarla como constituida de pequeñas partículas (los
fotones) cada una transportando una energía proporcional a la frecuencia de la
luz. El golpeteo con los fotones desviará al electrón haciendo que éste se mueva
de un lado a otro y pierda su trayectoria inicial. Buscamos entonces otra
estrategia y disminuimos la energía que transporta cada fotón de forma que
al chocar no desvíe demasiado al electrón. Pero hay un problema que tenemos que
tener en cuenta. Cómo dijimos antes la energía que lleva cada fotón es
proporcional a la frecuencia. O dicho de otra manera la cantidad de energía
transportada por un destello luminoso es inversamente proporcional a la longitud
de onda de la luz utilizada. Por lo tanto para disminuir la energía de la
luz debemos aumentar su longitud de onda y pasar por ejemplo de luz azul a roja
y luego a radiación infrarroja. Ahora, la imagen de nuestra partícula en la
película fotográfica comenzará a desdibujarse debido al fenómeno de difracción,
que se manifiesta cuando la longitud de onda de la luz utilizada se acerca al
tamaño de la partícula. Y en vez de ver pequeños puntos recorriendo una
trayectoria veríamos manchas como se muestra en la figura siguiente. Estas
manchas cubrirían toda la foto y no permitirían observar una trayectoria
nítida para nuestro electrón.

Esta figura muestra como sería la fotografía del electrón si usamos luz de
longitud de onda muy larga
Estamos ante una situación de compromiso difícil de resolver. Si buscamos que el golpeteo con
los fotones no desvíe demasiado al electrón, tenemos que aumentar la longitud
de onda de la luz y perdemos entonces localización en la posición de la
partícula. Nos vemos obligados entonces a buscar una solución intermedia. El
principio de incertidumbre de Heisenberg expresa esta limitación fundamental.
Este principio puede expresarse diciendo que la incerteza en la determinación de
la velocidad de nuestra partícula multiplicada por la incerteza en la
determinación de la posición no puede hacerse menor que una cantidad
proporcional a una constante universal conocida como constante de Planck.
(a)
(b)
(c)
Resultado del experimento imaginario de Heisenberg para luz de
diferentes longitudes de onda. (a) La longitud de onda es grande y la medición
es muy inexacta, los círculos corresponden a las manchas de difracción de la
figura anterior. (b) Condiciones óptimas. (c) La longitud de onda es chica, la
frecuencia grande y la partícula se zarandea demasiado.
Este principio, que está en la base de la concepción de la mecánica cuántica, no refiere a un
obstáculo que pueda ser superado mejorando nuestros instrumentos de medida.
Representa una limitación intrínseca que debemos asumir si buscamos una
descripción coherente de los procesos físicos a escala atómica.
El principio de Heisenberg dio lugar a una nueva filosofía de la física.
Implica un cambio profundo en las ideas que adquirimos en nuestra experiencia
ordinaria desde la infancia. En ediciones
posteriores de Divulgón desarrollaremos las implicancias de esta nueva
filosofía, las discusiones entre los científicos más famosos a que dio origen y
las posibilidades que se abren hacia el futuro a partir de recientes
experimentos.