Comúnmente solemos imaginar que el trabajo científico se realiza en laboratorios
equipados de complejísimos aparatos, estudiando problemas que resultan
incomprensibles para la mayoría de la gente. Sin embargo la ciencia moderna
surgió de la observación y el análisis del mundo que nos rodea y esta mirada
cuidadosa sigue siendo una fuente inagotable de preguntas que la ciencia trata
de responder. Le proponemos entonces analizar el siguiente experimento cuyo
estudio detallado dio origen al trabajo de un grupo de físicos alemanes y
búlgaros y que aparece publicado en el número de junio de 2003 de la revista Physical Review Letters.
Tire una moneda sobre la mesa y marque hasta donde llega, ahora tírela girando
sobre sí misma y vuelva a marcar. Supongamos que ambas salieron con la misma
velocidad inicial, ¿cuál llega más lejos? La respuesta correcta es que la moneda
que va girando se frena más lejos. ¿Porqué?
Para responderlo veamos como actúa la fuerza de roce entre la moneda y la
superficie de la mesa. La fuerza de roce está presente siempre que ponemos en
contacto dos cuerpos y se debe justamente a que sus superficies no son
perfectamente lisas y se traban entre sus asperezas. Cuando uno de los cuerpos
se mueve respecto al otro, esta fuerza es proporcional a la fuerza que comprime
los cuerpos (en nuestro caso el peso de la moneda) y se dirige en la dirección
opuesta al movimiento relativo de los cuerpos. Es esta fuerza la que va frenando
nuestra moneda hasta que finalmente la hace detenerse.
La moneda de la izquierda avanza sin girar, la velocidad relativa a la mesa es
la misma en todos sus puntos (flechas sobre la moneda). La moneda de la
derecha gira, sus partes tienen velocidades distintas. Un costado se está
moviendo hacia atrás y la moneda siente entonces una fuerza de roce neta menor
que la que no gira.
Veamos entonces la diferencia entre la moneda que no gira de la que sí lo hace. La fuerza de roce se opone al movimiento en cada punto. Para la
moneda que no gira, es igual en todos los puntos y tiende a frenarla. Para la
que gira hay puntos que se están moviendo en dirección opuesta al movimiento
global de la moneda. Por lo tanto el roce en esos puntos empuja a la moneda y
ésta se frena menos que en el caso de que no girara.
Ahora le proponemos otro experimento. Tire la moneda varias veces girando sobre
la mesa hacia adelante, ¿es posible que el movimiento de traslación termine
antes que el de rotación y que la moneda quede finalmente fija girando un rato?
Y lo contrario, ¿que la moneda en un determinado punto deje de girar pero siga
moviéndose hacia adelante un rato más? La respuesta es que no. Que siempre el
movimiento de rotación y traslación terminan juntos.
Este resultado y el análisis completo de este problema aparentemente trivial han
sido el objeto de la investigación que citamos previamente.
El trabajo de Zénó Farkas y sus colaboradores muestra que el acoplamiento entre
el movimiento de traslación y el de rotación hace que la moneda termine siempre
su movimiento en lo que se conoce como un punto fijo atractivo donde ambos
movimientos cesan al mismo tiempo.
Los investigadores aseguran que su trabajo tiene implicancias en un contexto más
general como el estudio de la porosidad de un conjunto de granos que forman un
polvo. Cuando el polvo es presionado con un pistón para compactarlo el contacto
que hay entre los granos hará que estos roten y que actué la fricción entre
ellos, los resultados de este trabajo pueden ser importantes para analizar este
proceso de compactación.