El tamaño correcto
por J. B. S. Haldane (1928)
Las diferencias más obvias entre distintos animales son las que tienen que
ver con el tamaño, pero por alguna razón los zoólogos han puesto poca atención
en ellas. En un voluminoso libro de zoología que tengo frente a mi no
encuentro ninguna indicación de que el águila sea más grande que el gorrión, o el
hipopótamo que la liebre, aunque sí se han hecho algunas resentidas afirmaciones
en el caso del ratón y la ballena. Sin embargo, es fácil demostrar que una
liebre no podría ser tan grande como un hipopótamo, o una ballena tan pequeña
como un arenque.
Para cada tipo de animal hay un tamaño óptimo y un cambio
significativo en tamaño lleva consigo inevitablemente un cambio en la forma.
Tomemos el más obvio de los casos posibles y consideremos a un gigante de 18
metros de altura -más o menos la altura del Gigante Papa y del Gigante Pagano del
libro "El progreso del peregrino" de mi niñez-
Estos monstruos eran no sólo diez veces más altos que Cristiano, el héroe del libro,
sino diez veces más anchos y diez veces más gruesos que él,
de tal manera que su peso total era mil veces el de él, entre ochenta y noventa
toneladas. Desgraciadamente, el área transversal de sus huesos era sólo cien
veces el de Cristiano, por lo que cada centímetro cuadrado del hueso del gigante
tenía que cargar diez veces el peso soportado por cada centímetro cuadrado del
hueso humano. Como el fémur de una persona se rompe bajo aproximadamente diez
veces el peso humano, Papa y Pagano se habrían roto el fémur cada vez que dieran
un paso. Sin duda esa es la razón principal por la cual ellos estaban sentados
en la imagen que recuerdo. Aunque eso reduce el respeto que uno sentía por
Cristiano y Jack matador de gigantes.
Volviendo a la zoología, supongamos que
una gacela, una pequeña y graciosa criatura con largas y delgadas patas,
aumentara de tamaño. Se rompería los huesos, a menos que hiciera una de dos
cosas. Podría acortar y engrosar sus patas, como el rinoceronte, de manera que
cada kilo de peso tuviera aproximadamente la misma área transversal de hueso
para soportarla. O bien, podría comprimir todo su cuerpo y extender sus patas
oblicuamente para ganar estabilidad, como la jirafa.
Menciono estas dos bestias puesto que resultan ser del mismo orden de la gacela,
y ambas son mecánicamente exitosas y corredores notablemente rápidos.

-Oficial, juro que no estoy borracho. Le juro que ví un
desfile festivo de animales en plena calle...pero lo que más me sorprendió
fue el moscardón de tamaño inapropiado.
(Dibujo de Elisa Kolodziej)
La
gravedad, una simple molestia para Cristiano, era un terror para Papa, Pagano y
Desesperación. Para el ratón y cualquier animal más pequeño, ésta prácticamente no
representa ningún peligro. Podemos arrojar a un ratón a un pozo de mil metros y
al llegar al fondo, sufre una pequeña conmoción pero se aleja caminando. Una
rata probablemente se mataría, aunque puede caer sin peligro desde un onceavo
piso; un hombre se mataría, un caballo salpicaría. Y esto es por que la
resistencia al movimiento que presenta el aire es proporcional a la superficie
del objeto en movimiento. Dividamos por diez el largo, ancho y alto de un
animal; su peso se reduce a un milésimo, pero su superficie a un centésimo. Por
lo tanto la resistencia a caer en el caso del pequeño animal es relativamente
diez veces mayor.
Un insecto, por lo tanto, no le teme a la gravedad, puede caer
sin ningún peligro y puede colgarse del techo sin problema.
Puede adoptar elegantes y fantásticas formas de soporte como la típula, un mosquito de patas muy largas.
Sin embargo, existe
una fuerza que es tan terrible para un insecto como la gravitación para un
mamífero: la tensión superficial. Un hombre saliendo del baño lleva consigo una película de agua de aproximadamente medio milímetro de espesor que pesa
escasamente medio kilo. Un ratón mojado tiene que cargar aproximadamente su
propio peso en agua. Una mosca mojada tiene que cargar varias veces su propio
peso y, como todos sabemos, una vez mojada por el agua o cualquier otro líquido,
una mosca se encuentra verdaderamente en una situación muy grave. Un insecto que
va a buscar un trago está en un peligro tan grande como un hombre inclinándose
en un precipicio buscando alimento. Si la mosca cae una vez en las garras de la
tensión superficial del agua -es decir, si se moja- es probable que se quede así
hasta que se ahogue. Algunos insectos, como los escarabajos de agua se las
arreglan para no mojarse; la mayoría se mantienen alejados de sus bebidas
mediante una larga trompa.

Por supuesto, los animales terrestres que son altos tienen otras dificultades.
Tienen que bombear su sangre a alturas mayores que el hombre, y por lo tanto,
requieren de una mayor presión sanguínea y de vasos sanguíneos más resistentes.
Muchos hombres mueren por el estallido de sus arterias, especialmente en el
cerebro, y cabría suponer que este peligro es aún mayor en el caso de elefantes
y jirafas.
Pero animales de todos tipos encuentran dificultades de tamaño por la
siguiente razón. Un animal pequeño típico, un gusano microscópico o un rotífero,
tiene una piel lisa a través de la cual puede absorber todo el oxígeno que
requiere, un intestino recto con superficie suficiente para absorber su alimento
y un solo riñón. Si aumenta sus dimensiones diez veces en todas direcciones, y
su peso aumenta mil veces, y si usa sus músculos tan eficientemente como su
contraparte en miniatura, necesitará mil veces la cantidad de comida y oxígeno
al día y excretará mil veces más productos de desecho.
Ahora bien, si su forma
no se altera su superficie aumentará sólo cien veces y tendrá que hacer entrar
diez veces más oxígeno por minuto a través de cada milímetro cuadrado de piel, y
diez veces más comida a través de cada milímetro cuadrado del intestino. Cuando
llega al límite de sus capacidades de absorción su superficie debe incrementarse
mediante algún mecanismo especial. Por ejemplo, una parte de su piel puede
prolongarse en mechones para formar branquias o sumirse para dar lugar a
pulmones aumentando así la superficie que absorbe oxígeno en proporción al
volumen del animal. Un hombre, por ejemplo, tiene noventa metros cuadrados de
pulmón. De manera similar, el intestino, en lugar de ser liso y recto, se pliega
y desarrolla una superficie aterciopelada, y otros órganos se vuelven más
complejos.
Los animales más altos no son más grandes que los animales bajos
porque sean más complejos. Son más complejos porque son más grandes. Lo mismo
sucede con las plantas. Las más simples, como las algas verdes que crecen en el
agua estancada o en la corteza de los árboles, son simples células redondas. Las
plantas más altas aumentan su superficie sacando hojas y raíces.
La anatomía
comparada es en gran parte la historia de la lucha por aumentar la superficie en
proporción al volumen. Algunos de los métodos para incrementar la superficie son
útiles hasta cierto punto, pero no son capaces de una gran adaptación. Por
ejemplo, mientras los vertebrados transportan el oxígeno de las branquias o
pulmones a todo el cuerpo por medio de la sangre, los insectos llevan el aire
directamente a cada parte de su cuerpo a través de unos tubos ciegos llamados
tráqueas los cuales se abren a la superficie en diferentes puntos. Y aunque sus
movimientos respiratorios pueden renovar el aire en la parte exterior del
sistema traqueal, el oxígeno tiene que penetrar las ramas más finas mediante
difusión. Los gases pueden difundirse fácilmente a través de distancias muy
pequeñas, no muchas veces mayor a la distancia promedio que viaja una molécula
de gas al chocar con otras moléculas. Pero cuando tiene que hacerse un viaje tan
largo -desde el punto de vista de una molécula- como de medio centímetro, el
proceso se vuelve lento. Así que a las porciones del cuerpo de un insecto
alejadas del aire más allá de medio centímetro siempre les faltaría oxígeno.
Como resultado, difícilmente algunos insectos son más gruesos que medio
centímetro. Los cangrejos de tierra están hechos sobre el mismo plano general
que los insectos, pero son mucho más torpes. Sin embargo, como nosotros, ellos
transportan el oxígeno a través de la sangre, y por lo tanto, son capaces de
crecer mucho más que cualquier insecto. Si estos últimos hubieran encontrado la
forma para transportar el aire a través de sus tejidos en lugar de dejarlo que
se absorbiera, podrían haber llegado a ser tan grandes como las langostas,
aunque algunas otras consideraciones les hubieran impedido llegar a ser tan
grandes como el hombre.
Las mismas dificultades atañen al vuelo. Es un principio
elemental de la aeronáutica que la velocidad mínima necesaria para mantener en
el aire un aeroplano de una forma dada varía como la raíz cuadrada de su
longitud. Si sus dimensiones lineales se incrementan cuatro veces, debe volar
dos veces más rápido. Entonces, la potencia necesaria para mantener la velocidad
mínima aumenta más rápidamente que el peso de la máquina. Entonces el aeroplano
más grande, que pesa sesenta y cuatro veces más que el más pequeño, necesita
ciento veintiocho veces más potencia para mantenerse en las alturas. Si
aplicamos el mismo principio a las aves, encontramos que el límite para su
tamaño se alcanza pronto. Un ángel cuyos músculos desarrollaron la misma
potencia -peso por peso- que los músculos de un águila o una paloma, requeriría
de un pecho que se proyectara alrededor de 1.2 metros para alojar a los músculos
comprometidos en el funcionamiento de sus alas, mientras que para economizar en
peso, sus patas habrían tenido que reducirse a meros zancos. En realidad, un ave
grande, como un águila o un halcón no se mantiene en el aire debido al
movimiento de sus alas. Generalmente se ven planeando, es decir balanceadas en
una columna de aire que se eleva. Y aún planear se vuelve más y más difícil al
aumentar el tamaño. Si éste no fuera el caso, las águilas podrían ser tan
grandes como tigres y tan terribles para el hombre como un aeroplano hostil.
Ya es tiempo de que veamos algunas ventajas del tamaño. Una de las más obvias es
que permite mantener el calor. Todos los animales de sangre caliente en reposo
pierden la misma cantidad de calor por unidad de área de su piel, para lo cual
necesitan un suministro de alimento proporcional a su superficie y no a su peso.
Cinco mil ratones pesan lo que un hombre. Su superficie fusionada con su consumo
de alimento u oxígeno es alrededor de diecisiete veces la de un hombre.
De hecho, un ratón come aproximadamente una cuarta parte de su propio peso en
alimento todos los días, utilizada principalmente para mantenerse caliente. Por
la misma razón, los animales pequeños no pueden vivir en países fríos. En las
regiones árticas no hay reptiles ni anfibios ni mamíferos pequeños. El mamífero
más pequeño en el Artico es la zorra. Las aves pequeñas se alejan en invierno
mientras que los insectos mueren, aunque sus huevos puedan sobrevivir a las
heladas seis meses o más. Los mamíferos más exitosos en estos ambientes son los
osos, las focas y las morsas.
De manera similar, el ojo es un órgano un tanto
ineficiente hasta que alcanza un tamaño grande. La parte posterior del ojo
humano en la cual se vierte una imagen del mundo exterior, y que corresponde a
la película de una cámara, está compuesta por un mosaico de "bastones y conos"
cuyo diámetro es un poco mayor que la longitud de una onda promedio de luz. Cada
ojo tiene alrededor de medio millón de bastones y conos y para que dos objetos
puedan distinguirse sus imágenes deben caer en bastones o conos separados. Es
obvio que con menos pero más grandes bastones y conos deberíamos ver menos
nítidamente. Si fueran dos veces más anchos dos puntos tendrían que estar dos
veces más separados antes de que pudiéramos distinguirlos en una distancia dada.
Pero si su tamaño disminuyera y su número aumentara no veríamos mejor. Es
imposible formar una imagen definida más pequeña que la longitud de onda de la
luz. Por lo tanto, el ojo de un ratón no es el modelo a escala de un ojo humano.
Sus bastones y conos no son mucho menores que los nuestros, y por consiguiente
tienen muchos menos. Un ratón no podría distinguir un rostro humano de otro a
una distancia de dos metros. Para poder tener alguna utilidad los ojos de los
animales pequeños tienen que ser mucho más grandes en proporción a su cuerpo que
los nuestros.
Los animales grandes, por otro lado, sólo requieren ojos
relativamente pequeños, y los de la ballena y del elefante son un poco más
grandes que los nuestros.
Por razones más recónditas el mismo principio general
es válido para el cerebro. Si comparamos el peso cerebral de un grupo de
animales muy parecidos tales como el gato, el guepardo, el leopardo y el tigre,
encontramos que si cuadruplicamos el peso corporal el peso cerebral sólo se
duplica. El animal más grande con huesos proporcionalmente más grandes puede
economizar cerebro, ojos y otros órganos.
Éstas son unas cuantas de las
consideraciones que muestran que para cada tipo de animal existe un tamaño
óptimo. Y aunque Galileo demostrara lo contrario hace trescientos años, la gente
aún cree que si una pulga fuera tan grande como el hombre podría saltar miles
de metros en el aire. De hecho, la altura a la que un animal puede saltar es más
independiente de su tamaño que proporcional a él. Una pulga puede saltar
aproximadamente medio metro, un hombre aproximadamente metro y medio. Para
saltar determinada altura, si ignoramos la resistencia del aire, se requiere un
gasto de energía proporcional al peso de quien salta. Pero si los músculos
"saltadores" forman una fracción constante del cuerpo del animal, la energía
desarrollada por cada gramo de músculo es independiente del tamaño, si es que
puede desarrollarse lo suficientemente rápido en un animal pequeño. De hecho,
los músculos de un insecto, aunque pueden contraerse más rápido que los
nuestros, parecen ser menos eficientes; de otro modo una pulga y un saltamontes
podrían elevarse en el aire a dos metros de altura.
Así como existe un tamaño
óptimo para cada animal existe un tamaño óptimo para cada institución humana. En
la democracia griega todos los ciudadanos podían escuchar a una serie de
oradores y votar directamente cuestiones legales. Por ende, sus filósofos
sostenían que una ciudad pequeña era el mayor Estado democrático posible.
El invento de los ingleses de un gobierno representativo hizo posible una nación
democrática, y la posibilidad se realizó por primera vez en Estados Unidos de
América, y luego en otras partes. Con el desarrollo de la radio fue posible una
vez más que cada ciudadano escuchara las ideas políticas de los oradores
representantes, y quizás en el futuro veamos el regreso del Estado-nación al
estilo griego de democracia. Aun el referéndum
fue hecho posible sólo mediante la institución del periódico.
Para los biólogos el problema del socialismo es en
gran parte un problema de tamaño. Los socialistas extremos desean gobernar toda
nación como si fuera una unidad de negocios. No pienso que Henry Ford encontrara
mayor dificultad en gobernar Andorra o Luxemburgo con base en el socialismo. Ya
tiene mayor cantidad de personas en su nómina que la población de estos países.
Podría pensarse que un conglomerado de Fords, si existiera, haría que Bélgica
S.R.L. o Dinamarca S.A. fueran redituables. Pero aunque la nacionalización
de ciertas industrias es una posibilidad obvia de los estados más grandes,
encuentro tan difícil imaginarnos un imperio británico o un Estados Unidos de
América completamente socializado como un elefante haciendo cabriolas o un
hipopótamo saltando un arbusto.