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Fulbo y física: pasión de multitudes
Imaginemos esta situación futbolera: Clásico entre Rosario Central y
Ñuls, final de Copa Libertadores, minuto 45 del segundo tiempo, empate 2 a 2
Un defensor canalla comete una infracción contra un delantero
leproso cerca del área, el árbitro sanciona tiro libre y
pronto se apresta una barrera de seis para defender el arco. El delantero
acomoda la pelota, un instante antes de patear cruza por su cabeza un
estudio realizado por el físico alemán Gustav Magnus en
1852, se ilumina su rostro, patea. La pelota recorre cierta distancia
en línea recta, pasa a más de un metro de distancia de
la barrera, por la derecha, y pareciera que se dirige hacia el banderín
del corner, pero de pronto, hace una comba y termina su recorrido en
un golazo.
¿Qué relación existe entre los estudios de física
de Magnus y el gol de Ñuls?
Siglos atrás, muchos cañonazos erraban sus objetivos:
durante el vuelo las balas de cañón se apartaban de la
trayectoria predicha, por culpa del viento y/o de pequeñas irregularidades
en la superficie del proyectil. Sin embargo, los ingenieros militares
se dieron cuenta que si se arrojaba una bala haciéndola girar
sobre sí misma, ésta se desviaba lateralmente pero su
trayectoria era mucho más estable que lanzándola sin girar,
y no dependía tanto del viento u otras circunstancias menores.
A Magnus le encargaron que estudiase el porqué de esa desviación
lateral y la solución que encontró es la siguiente, aplicable
tanto a balas de cañón como al golazo leproso: Consideremos
una pelota en vuelo que está rotando sobre sí misma alrededor
de un eje perpendicular al flujo del aire.
Cuando el borde del balón se mueve en la misma dirección
que el flujo de aire, éste viaja más rápido con
respecto al centro de la pelota. Esta mayor velocidad reduce el empuje
o presión que ejerce el aire sobre ese sector de la pelota
respecto
a una pelota que no gira (es el llamado principio de Bernoulli: “a
mayor velocidad del fluido menor presión”) El efecto contrario
ocurre en el lado opuesto de la pelota, donde el aire viaja más
lentamente respecto del centro. Por lo tanto, allí existe una
mayor presión: el aire empuja con mayor fuerza. Como consecuencia
del giro, existe una fuerza neta que empuja lateralmente la pelota y
ésta se desvía de su trayectoria. La desviación
lateral de un objeto en vuelo es generalmente conocida como efecto Magnus.
Pero surge naturalmente una pregunta: ¿por qué tardó
tanto la pelota en desviarse? Veamos que pasó. Las fuerzas que
actúan durante el vuelo de una pelota que gira sobre sí
misma son de dos tipos: de arrastre y de empuje. La fuerza de empuje
es la fuerza hacia un costado o hacia arriba que da origen al efecto Magnus. La fuerza de arrastre se opone al movimiento de la pelota, la
zona frontal recibe una mayor presión que la parte posterior.
Cuando la pelota no viaja rápidamente, el flujo del aire a su
alrededor es suave (el llamado flujo laminar), la capa de aire que la
rodea se separa rápidamente de la misma, dejando una gran zona
de baja presión detrás de la pelota. La diferencia de
presión entre el aire delante y detrás de la pelota produce
una mayor fuerza de arrastre, es decir mayor resistencia al movimiento.
Cuando la pelota viaja a gran velocidad, el flujo de aire a su alrededor
es desordenado (flujo turbulento), y la diferencia de presiones ahora
es pequeña, esto significa menor resistencia, y la pelota no
se frena relativamente tan rápido.
Se sabe que cuando la velocidad de la pelota aumenta la fuerza de Magnus
(empuje) disminuye. Esto significa que una pelota dando vueltas sobre
sí misma, moviéndose en forma lenta, es desviada lateralmente
en mayor proporción que la misma pelota desplazándose
a gran velocidad. Entonces, a medida que la pelota se va frenando su
desviación lateral se acentúa.
Vayamos ahora a la explicación del golazo que nos concierne.
El delantero leproso pateó el balón con la parte interna
de su pie derecho, aplicándole una fuerza a lo largo de una línea
que no pasaba por su centro. En consecuencia la pelota comenzó
a girar sobre sí misma, en este caso en sentido opuesto a las
agujas del reloj. El delantero pegó el derechazo en el punto
justo: si pateaba cerca del centro la pelota no giraba, si pateaba cerca
del borde el menor tiempo de contacto entre el pie y la pelota implicaba
que ésta no tomase una gran velocidad. La baja humedad relativa
de la noche rosarina ayudó a que el rozamiento entre el pie y
la pelota fuese el adecuado para que la patada le imprimiese una alta
frecuencia de rotación al balón, quizás más
de 10 revoluciones por segundo. La pelota arrancó con un gran
impulso, una velocidad de más de 110 kilómetros por hora
(unos 30 metros por segundo). El flujo de aire sobre la superficie de
la pelota era turbulento, y por lo tanto la resistencia del aire que
experimentaba la pelota era relativamente baja. A unos 10 metros del
recorrido, más o menos a la altura de la barrera de defensores,
la velocidad de la pelota cayó hasta tal valor que el aire a
su alrededor entró en un flujo laminar. Este hecho aumentó
considerablemente la resistencia del aire, lo que hizo que la pelota
se frenase aún más. Por lo tanto la fuerza de Magnus aumentó
considerablemente su efecto. Mientras la velocidad de la pelota seguía
decreciendo, la deflexión lateral se hacía más
exagerada hasta que la pelota entró al arco y pegó en
la red.
Es interesante notar que a menor presión atmosférica,
menos pronunciado es el efecto Magnus. Por lo tanto, si el clásico
rosarino hubiese sido jugado en las alturas de La Paz, Bolivia, la pelota
no se hubiese desviado tanto y hubiese terminado golpeando el banderín
del corner. Como correctamente dijo Daniel Passarella: "En la altura
la pelota no dobla", al caer Argentina frente a Ecuador en Quito. Pero lo que pocos saben es que
si el partido se hubiese jugado en algún estadio marciano, el
delantero hubiese errado completamente su tiro libre. Un estudio sueco
reciente demostró que, debido a que en la tenue atmósfera
de Marte la distancia promedio que viajan las moléculas antes
de colisionar una con otra es mayor al diámetro de la pelota,
simples razonamientos físicos llevan a la conclusión que
una pelota que gira se desvía lateralmente hacia el costado opuesto
al que se desviaría en la Tierra. Pero sigamos con el partido.
Segundo minuto del descuento.
Un delantero de Rosario Central se enfrenta sólo al arquero
y lo fusila sin piedad. Cuando está por iniciar su ritual de festejo
ve que el juez de línea tiene levantado el banderín invalidando
el gol por posición adelantada. El delantero amaga un insulto
al juez cuando recuerda ese artículo de la prestigiosa revista
Nature que leyó un par de años atrás: un grupo
de investigadores holandeses encontró que los jueces de línea
inevitablemente se equivocan en el 20 por ciento de las situaciones
de offside. No por mala voluntad sino porque el jugador que está
más lejos del juez de línea parece ante sus ojos estar
más cerca de la línea de gol que los jugadores más
cercanos. Al menos que el juez esté alineado con el último
defensor a medida que el atacante se acerca, es fácil pensar
que el atacante está en offside cuando en realidad no lo está.
Final del partido.
Feroz batalla entre leprosos y canallas, como diría un ex-funcionario
rosarino. Para peor, ahora los espectadores saben que si arrojan las
Everredi con giro pueden lograr mayor precisión...
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Aclaración:
Todos los hechos mencionados en este artículo están científicamente
avalados, con una única excepción: la ciencia no permite explicar porqué Ñuls
conquistó la Copa Libertadores, cayendo este resultado dentro del ámbito
de lo sobrenatural. Después del partido
se supo que el grito de festejo luego del último gol de Ñuls tuvo su origen en
el minúsculo grupo de físicos leprosos (Marcelo Stachiotti, Ariel Dobry,
el Colo Trumper, Ignacio Hamad, Oscar Zandrón, Quique Repetto y unos pocos más), que aullaban de emoción
no por el gol sino por tan maravillosa exhibición del efecto Magnus.
Breve glosario rosarino:
Rosario Central y Newell´s Old Boys (alias Ñuls) son los
dos principales equipos rosarinos de futbol y son acérrimos
adversarios. Leproso se le dice a un hincha de Ñuls y canalla
a uno de Rosario Central.
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